/
/
/
Crónica de un parto NO RESPETADO

 

CRÓNICA DE UN PARTO NO RESPETADO

 

El día 9 de febrero, cuando yo ya estaba de 41 semanas recién cumplidas, tenía correas programadas a las 10 de la mañana. Cabe decir que yo ya estaba muy pesada, con unos pinchazos vaginales que hacía que pudiera moverme más bien poco y los días anteriores estuve haciendo todo lo posible para provocar el parto de manera natural (subiendo y bajando escaleras, caminando, tomando chocolate a la taza, manteniendo relaciones sexuales…).

Semanas antes yo ya había estado en el hospital firmando mi hoja de PARTO RESPETADO, documento que como ya os he explicado en la entrada anterior, era muy importante para mí.

Llegamos a la cita de las correas y la comadrona me comenta que estoy teniendo contracciones muy seguidas y que si no me dolían. La verdad es que yo únicamente sentía un dolorcillo como de regla, pero nada más… Antes de hacerme el tacto me dice que a partir de hoy me van a citar cada 48h para controlar como está yendo todo y si el día 14 (estando de 41+5) no había parido me lo provocarían. Seguidamente me hace un tacto y palabras textuales: «Uy, no estás tan verde como esperaba…estás dilatada de 2 cm y tienes el cuello del útero medio borrado»… vaya, no estoy tan verde como yo pensaba…y sigue…«uy, toco la cabecita del bebé y parece que quiera salir y no pueda…» ¿Que mi bebé quiere salir y no puede? ¿Por qué no puede? ¡Sácalo de ahí ya! pensé. Llamó al ginecólogo para que valorara que hacer conmigo y éste dijo que me quedaba ingresada. A día de hoy, pienso que la mejor opción hubiese sido irme a casa a esperar a ponerme de parto, pero cuando me dicen que tengo contracciones muy seguidas y mi bebé quiere salir y no puede, te asustas y haces caso a las indicaciones médicas.

No avisamos a nadie, no queríamos a nadie esperando en la sala de espera. Queríamos que ese momento fuera sólo nuestro. Y así fue.

Papá Alex fue a buscar las maletas a casa. Mientras yo iba poniéndome algo nerviosa y haciéndome a la idea que en pocas horas ya iba a conocer a mi bebé.

A las 12h yo ya estaba en la sala de parto acompañada de Alex. Pedimos la pelota de pilates y la radio. No sabíamos poner la radio y vino la enfermera a enseñarnos. ¿Adivináis que canción sonó? «Yo quiero bailaaaarr, toda la nocheeee, baila bailando vaaa» ¡Qué vergüenza! Si vierais la cara de la enfermera… ¡Todo tiene una explicación! jajaj Yo grabé 3 carpetas: una con música más bien lenta, otra con música de cachondeo como la que sonó, y otra con un montón de NADIE SABE NADA de Berto y Buenafuente por si necesitaba reírme un rato.

Las horas iban pasando y cada vez que me monitorizaban la expresión de las enfermeras era de incredulidad: «tienes contracciones muy seguidas… ¿no te duelen?» Yo no entendía nada… Yo estaba bailando el CARNAVAL, CARNAVAL, como buena carnavalera que soy y no tenía más dolor que días anteriores…

Escuché las carpetas de música varias veces, escuché no sé cuántos «Nadie sabe nada»… y hacía las 20h vinieron de nuevo a hacerme un tacto. Estaba igual que por la mañana, ni más dilatada ni más borrado el cuello del útero… ¿Porque no estaba de parto quizás? (tono irónico…)

Y aquí empieza la CRÓNICA DEL PARTO NO RESPETADO

Me rompieron la bolsa y un hombre muy bruto me volvió a hacer un tacto para intentar borrarme un poco más el cuello del útero. ¡Me cagué en todo! ¡Cómo dolió! Y en este momento la comadrona dice: «te vamos a inducir el parto, ahora te pondremos la oxitocina». Aquí volví a pensar: «si mi hijo quiere salir y no puede, que me pongan lo que sea»… Sí sí, lo que sea… Enseguida empezaron las contracciones y aquí sí que quise morir literalmente. Eran contracciones cada 2 minutos exactos, y las sentía muy dolorosas. Me aliviaba un poco hacer círculos con la pelvis en la pelota de pilates y la esterilla caliente en los riñones (que me ponía Alex) cada vez que me daba una contracción. Pedí la anestesia «walking» (como reflejé en mi plan de parto) pero el único anestesista del hospital que sabía ponerla no estaba en turno, así que pedí seguidamente la epidural. Aún no podían ponérmela (creo recordar que necesitaba estar más dilatada) y aguanté dos horas con aquellas horrorosas contracciones. Era tal el dolor que cuando intentaba ponerme de pie, me temblaban tanto las piernas que si no me apoyaba en algo me caía.

Cambio de turno. Nueva comadrona. Esta nueva comadrona sí que la sentí más respetuosa conmigo y lo agradecí mucho. Sobre las 23h me pusieron la epidural. No me dolió nada y enseguida sentí un alivió brutal. ¡Bendita epidural pensé! Sobre la 1h más o menos vino la comadrona, me hizo un tacto y ya estaba el cuello del útero borrado y dilatada de 7cm. ¡Muy bien! Me dijo «como sigas así, enseguida tendrás a tu bebé». Nervios a flor de piel… La epidural me permitió relajarme un poco. Estaba agotada de aguantar esas 2h de contracciones hipermegadolorosas cada 2 minutos…

Sobre las 2 y pico de la madrugada vino de nuevo a verme y me dijo que ya era el momento de empezar con los pujos. Yo no podía creérmelo. Con la epidural sentía las piernas y era capaz de notar las contracciones (pero sin dolor). Y comencé a empujar… y de la misma manera…comencé  VOMITAR… Pensé, he estado todo el embarazo vomitando así que no hay mejor manera de acabarlo jajaj. La comadrona me explicó que si estaba vomitando era muy buena señal, ya que el vómito es la manera natural que tiene el cuerpo de empujar para que el bebé salga. Estuve entre 15/30 minutos empujando y vomitando hasta que la comadrona me dijo: «último pujo y ya sale» Pensé que eran palabras de ánimo y no de verdad, pero así fue. Último pujo y nació. No pudimos hacer el pinzamiento tardío del cordón ni papá Alex pudo cortarlo porque Adel venía con dos vueltas de cordón. Cuando salió y le cortaron el cordón lo cogí con mis manos y me lo puse encima de mi pecho. Tuve un pequeño desgarro, de 2 puntos externos, y eso que el bebé vino con 3,750kg.

Y ahí estaba mi precioso bebé con sus enormes ojos abiertos, mirándome. «Ya estás aquí Adel, ya estás aquí» le decía mientras lloraba de emoción. Papá y yo nos besamos. Incrédulos no dejábamos de mirarle. ¡Era tan y tan bonito mi precioso bebé!

Sé que mi parto no fue respetado, pero el recuerdo que tengo es bonito, y con esto me quedo. No me arrepiento de las decisiones que tomé porque pensé que mi bebé estaba en riesgo y por eso accedí sin rechistar a cada una de las intervenciones que me iban haciendo. No obstante, la propia experiencia, y la escucha de la experiencia de otras madres me llevan a pensar que mi próximo parto no será así (o al menos así me gustaría).

Comentarios

Share this post

Start typing and press Enter to search

Shopping Cart

No hay productos en el carrito.