HIPEREMESIS GRAVIDICA: Cuando el embarazo se convierte en una pesadilla
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HIPEREMESIS GRAVIDICA: Cuando el embarazo se convierte en una pesadilla

Esta entrada en el blog es muy especial, a la par de dura, para mí. Mi embarazo, debido a esta complicación, no ha sido nada fácil. Uno de los motivos de hacer esta entrada es para poder empezar a sensibilizar y dar a conocer que es la hiperémesis gravídica y cómo puede afectar emocional y físicamente a las mamás que la hemos sufrido (o están sufriendo).

De ahí empezaré este relato diciéndole a mi pequeño polluelito que ha sido y es un bebé muy deseado. El motivo de empezar mi entrada así es porque una de las teorías que dan a las mamás que hemos sufrido hiperémesis gravídica es que lo sufren las mamás con embarazos no deseados y que está en tu mano cambiar de actitud y no rechazarlo (por si la presión de encontrarte tan mal fuera poca!). Espero que os guste. Ahí va:

ERES UN BEBÉ DESEADO, MUY DESEADO. Todo empezó un 15 de junio, estando embarazada de 6 semanas. Esa madrugada empecé a vomitar como si no hubiese fin. “Es lo normal” pensé, “las típicas nauseas matutinas, en poco tiempo esto pasará” imaginé, ilusa de mí…” Al día siguiente fui a trabajar y tuve que parar el coche varias veces para vomitar. Llegué apurada al trabajo, y vomité una vez más en la cafetería más cercana. Ya en el trabajo vomité unas 4 veces más. El día sólo acaba de empezar, pensé. Le expliqué a mi coordinadora, entre sollozos, la noticia de que estaba embarazada y me dijo que lo que estaba pasando era normal y que probara con algunos remedios que a ella le funcionaron (galletitas saladas, oler jengibre, etc…). Llegué a casa muy apurada, y pasé uno de los peores fines de semana que he pasado nunca. Sola (el papá de mi polluelito por aquel entonces no hacia ni una semana que se había ido fuera de España un mes de viaje de trabajo), preocupada (“¿estará bien el bebé”?) y sin poder apenas mantenerme en pie… Ese mismo lunes tuve que ir a urgencias. Sorpresa la mía encontrarme con una doctora que me juzgó diciéndome “¿es tu primer embarazo verdad? Es lo que te toca…” y le pregunté cómo podía ir a trabajar en este estado y su respuesta fue “pues igual que lo has hecho estos días, si tienes que parar para vomitar, paras y vomitas”…En estos momentos pensé muchísimo que me estaba pasando y por qué yo no era capaz de mantenerme en pie y dejar de vomitar y estar tan limitada en mi vida. Mis compañeras embarazadas habían ido a trabajar sin problemas. ¿Por qué yo no podía? yo misma llegué a pensar que a lo mejor la culpa era mía,que era una blanda, y que efectivamente, todos los embarazos eran así (aunque algo me decía que no…). Ese día no fui a trabajar, pero al no darme la baja, al día siguiente tuve que ir. Esta vez también tuve que parar varias veces a vomitar, y al llegar al trabajo más aún. Recuerdo con mucha pena contar a algunas de mis compañeras que estaba embarazada. No lo hacía con la alegría que siempre había imaginado, lo hacía, en la mayoría de las veces llorando, y explicando que me encontraba muy mal… Ese día no pude aguantar la jornada de 8h, y después de comer y vomitar la comida, me fui a casa.

Al día siguiente pedí cita con mi doctora, Alba, y ella si me creyó, y ella sí que no me juzgó. Me dio una primera baja de 15 días, si no recuerdo mal, y empezó a investigar qué es lo que me podía estar pasando. En la siguiente visita me dijo que era lo que estaba sufriendo no era normal. Estaba sufriendo una complicación del embarazo llamada HIPEREMESIS GRAVIDICA. Indagué durante mucho tiempo sobre este tema, pero la realidad es que hay muy poca información… Sin duda, una de las peores cosas de sufrir hiperemesis gravídica, es que NADIE (y cuando digo nadie, es nadie) le da ninguna importancia.

La suerte hizo que, en la soledad del que empezaba a ser este duro camino, me encontré con otro apoyo para mí, mi comadrona Montse, que me entendió desde el primer día y tampoco me juzgó. Me explicó que era la hiperemesis gravídica y me tranquilizó. Me comunicó que aquel mismo día debía ir a urgencias al hospital. “¿A urgencias al hospital?¿Yo sola?” Nadie sabe, excepto mi familia que estoy embarazada…”En esos momentos me enfurecía que el papá del polluelo estuviese tan lejos…” Me esperé dos días a que viniera papá y que fuese él quien me acompañara. Y así fue. Nada más llegar papá después de haber estado un mes fuera de casa, al hospital fuimos, y estuve esa tarde “ingresada” por deshidratación. En estos momentos, la dosis de cariban (mi mejor amiga durante todo el embarazo) era de una pastilla al día… Después de acudir al hospital aumentó en 4 + primperan de rescate los días que vomitara más de 20 veces al día (la media eran unas 10/15).

Yo no recuerdo haber estado más triste, sola e incomprendida en mi vida que durante mis cinco primeros meses de embarazo… así de triste como pueda sonar. Me levantaba de la cama vomitando, que a duras penas llegaba al cuarto de baño. Intentaba desayunar, me tomaba el cariban, y a vomitar. Si me movía demasiado, entraba olor de comida por cualquier rendija, veía algo que me asqueaba en la tele…y a vomitar. No quería comer, ¿para qué voy a comer, si lo voy a vomitar?… así, más de 10 veces al día… durante muchos, muchos días… Por supuesto, no salía de casa para nada, no es porque no quisiera, sino porque no podía. Para mí ir a tirar la basura era un suplicio (y el contenedor más cercano está en la misma manzana…), no quería ni siquiera hablar por teléfono con nadie porque todo el mundo le restaba importancia. Con todas las personas con las que hablaba me decían “pero es que, tienes que ser fuerte, todas hemos pasado por eso, sal aunque sea un paseíto a la puerta de la calle, a por el pan…” Nadie podía entender que sólo el movimiento de levantarme de la cama o del sofá me hacían vomitar, así que el paseíto a la puerta de la calle me apetecía darlo, sí,  e ir a la playa y pegarme un baño, pero no podía. He visto pasar el verano del 2017 por mi ventana…Llegué a perder 13kg en total durante los 4 primeros meses… Esta pérdida “tan bestia” afectó a mi sistema endocrino y mi hígado y mi riñón (con cólico en el hospital incluido) salieron perjudicados y he estado controlada hasta el último momento. De nuevo, suerte de mis dos doctoras.

Aun así, durante los casi 5 meses y medio que duró la hiperemesis gravídica lo que peor llevé es sentirme mala madre. En muchos momentos de soledad (que han sido muchos), de sentirme incomprendida (que han sido muchos más) he deseado con todas mis fuerzas no estar embarazada, que no es lo mismo que no desear a este bebé. Siempre que lo deseaba, te pedía perdón pequeño polluelito, porque sé que tú no eres ni has sido el culpable de sufrir esta complicación. Te pedí más de mil veces perdón por desear no estar embarazada (que vuelvo a decir que no es lo mismo que no desearte a ti, porque mi polluelito es el mejor regalo que tengo y tendré en mi vida). Me ha tocado y ya está. Pero el pensar que no te estaba alimentando como debía, porque  todo lo vomitaba, o no poder sentir la alegría de estar embarazada porque me sentía una enferma, hacía que me sintiera mala madre. ¿Y si no estabas cogiendo el peso que tocaba? ¿Y si de tanto vomitar podía perderte? ¿Y si no te llegaban los nutrientes necesarios? Mala madre, siempre retumbando en mi cabeza…

Leyendo testimonios de otras sufridoras de “esta mierda” como la mamá de mateo la llama (http://lamamademateo.blogspot.com.es/2013/12/hiperemesis-strike-2.html), me he dado cuenta que nadie puede entender verdaderamente esto si no lo has pasado. Esto no son las náuseas matutinas típicas… Es una cosa horrenda que afortunadamente, solo le pasa a entre un 0.5 y un 2% de todas las mujeres. Está considerada como una complicación del embarazo rara, y desde luego es uno de los grandes agujeros negros de la obstetricia, porque no se sabe casi nada de ella. Por suerte mi comadrona sí.

Por octubre más o menos empecé a encontrarme mejor. Ya vomitaba más esporádicamente y ya podía salir a dar pequeños paseítos y aproveché para pegarme aquellos baños en el mar que tanto había echado de menos. En noviembre ya podía decir que la hiperemesis gravídica había “acabado”. Todo y que, durante los meses posteriores, en alguna ocasión volvía a visitarme pero no con la misma intensidad que estos primeros meses. Y a partir de aquí empezó verdaderamente mi recompensa, porque el resto del embarazo, aunque no fue de ensueño (cólico nefrítico, ciática, una acidez horrible, pinzamiento en un nervio vaginal…), lo disfruté y te disfruté muchísimo, pequeño polluelito.

Yo creo que sólo el papá de polluelito ha comprendido el alcance de lo que sucedió. Entre otras cosas, porque la mayoría de los días no toleraba visitas ni quise que viniera nadie a ayudarnos. Aunque a veces también le reprochaba que no obligara a la familia, amigos, etc. venir a verme cuando me sentía tan sola. Es ahora cuando lo he entendido, y de verdad, no pudo actuar mejor. Abusé muchísimo de él, y le cargué con el cuidado de todo, pero es que no quería que lo hiciera nadie más. Creo que nunca podré agradecérselo del todo. Supongo que verme llorar de desesperación y verme de esa manera tampoco ha debido ser fácil para él.  Lloraba porque me sentía débil y muy enferma. Lloraba porque no sentía alegría de estar embarazada, yo que tanto lo había buscado… lloraba por sentirme culpable de arrepentirme de estarlo…Pobre papa, y yo lloraba aún más de verlo con aquella impotencia de no poder ayudarme, me sentía fatal de ser yo la que le hiciera pasar por aquello. Aun así, sintiéndome como me sentía, creo que el sentido del humor que le echaba casi todos los días hizo que fuera mucho más soportable. Y sólo quienes me conocen saben la importancia que para mí ha tenido sacarle el lado positivo y humorístico a toda esta situación.

Y sí, aunque parezca mentira, la hiperémesis gravídica me ha traído cosas positivas. La primera de ellas es que he aprendido que cambiando mis pensamientos puedo cambiar la forma en que me siento. He aprendido a conocerme (que me he dado cuenta que me conocía poco) mejorar mi relación conmigo misma y con los demás. Me ha permitido conocer mis límites y sobretodo, mis fortalezas. He aprendido a pedir ayuda y a aceptar cuando la necesito. He aprendido a decir NO, pero también a decir SI. “No”, a todo aquello que me hace daño y, “sí” a permitirme sentir cosas buenas. Y me ha permitido darme cuenta de quien merece la pena que esté en mi vida y quién no. Después de esta experiencia, puedo decirle bien alto y claro a mi polluelito que TIENE UNA MAMÁ MUY FUERTE, VALIENTE Y CON UN GRAN SENTIDO DEL HUMOR.

Des de aquí ánimo a todas aquellas futuras mamás que estén pasando por esta situación o por alguna situación similar a la mía, que se dejen ayudar y que no duden en contactar conmigo si necesitan poder compartir su vivencia. No estás sola. Y a los familiares, amigos/as, etc. que conozcan a una futura mamá que esté pasando por esta complicación, decirles que: no la juzguéis ni menospreciéis sus síntomas, simplemente pregúntale que es lo que necesita, como puedes ayudarla y hazlo.

Y a vosotras, futuras mamás, si estás sufriendo algún tipo de complicación como fue mi caso, quiero deciros que al final del camino la recompensa es maravillosa.

 

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