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Desaprendiendo a elogiar y aprendiendo a motivar

Desaprendiendo a elogiar y aprendiendo a motivar

 

¿Puedes contar cuántas veces al día le dices a tu hijo/a “muy bien”?

Una de las cosas que aprendí estudiando la carrera de educación social fue que para que un comportamiento se repita, hay que reforzarlo positivamente. Es decir, hay que ir elogiando una conducta hasta que ésta se haya conseguido. Y así he estado haciendo con los/as niños/as, adolescentes y familias con las que he ido trabajando hasta que, gracias a una amiga, descubrí la disciplina positiva.

Una de las cosas que más me sorprendió de la disciplina positiva fue conocer la diferencia entre motivar/alentar y elogiar. El primer contacto con estos dos conceptos fue gracias a mi amiga Laia, cuando me hizo reflexionar después de haberle dicho a sus hijos “nosecuantasveces” «muy bien» durante esa tarde en el parque. «Muy bien» por bajarse del tobogán, por correr hacia los columpios, por comerse una galleta, por cambiarse el pañal de forma tranquila… Fue a partir de ahí cuando ella me confrontó cómo estaba utilizando mi lenguaje y las consecuencias de este.

Esa misma tarde me observé en casa. La situación era la siguiente. Adel estaba jugando con una pelota a canastar en su canasta de elefante. Cada vez que canastaba su padre y yo al unísono decíamos “Muy bien” y aplaudíamos. Adel cada vez que canastaba nos miraba, y ahí nos dimos cuenta de que buscaba nuestro “Muy bien” nuestra “aprobación”. Decidimos no decirle nada, y dejó de jugar. ¿Estaba jugando porque se estaba divirtiendo? ¿O canastaba porque estaba buscando nuestros “muy bien”?

Ser consciente de esto gracias a Laia, fue el clic que hizo que desde ese mismo momento empecé buscar maneras para motivar a Adel en vez de simplemente sólo elogiarlo. Así que quise seguir investigando más sobre el tema, y leí, busqué recursos, etc. hasta que vi que esto de la disciplina positiva me estaba encantando. Ya fue en la certificación donde pude profundizar más en este tema (y muchos otros más) y aún más me sorprendí.  

 

¿Y qué diferencia hay entre alentar/motivar y elogiar?

  • “Muy bien” (cuando ha construido un castillo de bloques, o cuando ha acabado de hacer un baile…)
  • “¡Un aplauso! ¡Bravo!”
  • “Que bonito este dibujo”
  • “¡Me encanta como lo has hecho! ¡Muy bien”

¿Te suenan estas frases? ¿Te sientes identificado/a con alguna de ellas? Y a ti, ¿te las han dicho alguna vez? ¿Y cómo te has sentido?

 

Los elogios califican al niño/a, generan dependencia, y los vuelve adictos a la aprobación. Los niños/as sienten que sólo hacen las cosas bien cuando otra persona las elogia y necesitan que alguien ajeno les vaya validando su conducta o acción, gerenando inseguridad cuando estos elogios no se dan. Cuando elogiamos nos estamos centrando sólo en el resultado final de su conducta, en si se adecua a lo que textualmente nosotrxs como padres y madres le hemos pedido. Así pues, su comportamiento se orienta a conseguir nuestra aprobación o la de los demás. Cuando los padres o madres le dicen constantemente a un niño/a ¡Eres un niño/a muy bueno! ¡Estamos muy orgullosos de ti! Este niño/a puede pensar “soy bueno sólo porque alguien me lo dice”. Este tipo de frases pueden hacer sentir al niño/a en la obligación de ser perfecto para no decepcionar a su padre/madre o bien puede darse por vencido/a porque cree que no puede estar a la altura de los elogios y las altas expectativas que a menudo lo acompañan.

En cambio el aliento promueve la autoconfianza de nuestros hijos/as porque estimula, resalta la habilidad sin formular juicios propios, se orienta hacia la autoevaluación del propio niño/a y se centra en el trabajo realizado y no en el resultado final.  Como dice Adler:

“Los elogios pueden obstaculizar la toma de riesgos. Cuando a los niños se les elogió por ser inteligentes al realizar una tarea, en siguientes ocasiones optaron por elegir tareas fáciles. Evitando así el riesgo a cometer errores. Sin embargo, los niños que fueron alentados por sus esfuerzos estaban dispuestos a elegir tareas más desafiantes si se les daba esa posibilidad”.

Dreikurs, dice que el aliento sirve “para tener el coraje de ser imperfecto, y así tener la libertad de cometer errores y poder aprender de ellos”.

 

Varios ejemplos de la diferencia entre elogios y aliento:

Elogio: ¡Que niño más bueno eres!
Aliento: Gracias por tu ayuda. (no hay calificativos)

Elogio: ¡Lo hiciste Muy bien!
Aliento: ¡Lo hiciste con tu esfuerzo! (se valora la acción)

Elogio: Estoy tan orgulloso de ti por haber sacado un 10. Te mereces un premio.
Aliento: Has trabajado muy duro y he visto que te has esforzado mucho. Debes sentirte muy orgullosa de ese 10.

Elogio: ¡Que buen niño, limpiaste tu cuarto!
Aliento: ¡Conseguiste que tu cuarto quedara limpio y ordenado! ¿Cómo te sientes al verlo así?

Elogio: ¡Muy bien! Lo has hecho como te he dicho.

Aliento: ¿Te gusta como ha quedado? ¿Cómo te sientes?

Cuando empezamos a alentar a nuestrxs hijos/as, les damos la oportunidad de que empiecen a pensar por ellos/as mismos, los/as hace sentir capaces, aumentando su autoestima, y fortaleciendo su personalidad.

 

¿Es malo elogiar? ¿No le digo nunca más “muy bien”?

Para que te hagas una idea, como dice Jane Nelsen, el elogio es como la comida basura. En ocasiones es agradable y placentero, pero comerla de forma habitual no es aconsejable. Simplemente tenemos que ser conscientes que los elogios, a largo plazo, no tienen el efecto positivo que la mayoría de personas piensan que tiene. Un elogio pequeño no puede doler, pero es probable que no ayude tanto como los padres/madres esperan.

Aún así, también que tenemos que ser conscientes el elogio es el modelo en el que hemos sido la mayoría de nosotrxs educados/as y podemos pensar que es difícil cambiarlo. Todo depende de nosotrxs mismas. No se trata de erradicar completamente los elogios hacia nuestrxs hijos/as, sino también aportarles información sobre la ejecución de lo que ha hecho, y hacerle consciente de su capacidad y no de nuestro juicio de valor.

En vez de valorar que su hijo/a es listo/a o bueno/a, incentívele/a a aprender de los errores, disfrutar de los retos y amar el proceso de aprendizaje, independientemente del resultado.

¿Y cómo podemos alentar/motivar a nuestrxs hijos/as?

  1. Describir lo que ha hecho / lo que vemos. Ponemos en palabras tanto lo que ha hecho como los pasos que ha ido dando. “Veo que has recogido tus juguetes. Has puesto el puzle en su caja, la pelota en el cajón…” “Veo que has traído el vaso azul a la mesa…”.
  2. Lo has conseguido / Te has esforzado. Este método describe el esfuerzo realizado. “Has utilizado muchos bloques para hacer ese castillo y ¡lo has conseguido!”. “Te has esforzado mucho para que no se cayera! En este punto también es importante tener en cuenta el progreso. “Antes hacías castillos de 10 piezas y ahora los haces de 20” “¿Cómo lo has hecho?” Hacerles conscientes de sus logros también es importante “¿Estás orgulloso del castillo tan grande que has hecho?”
  3. Preguntas de curiosidad. Las preguntas invitan a los niños/as a pensar en lugar de qué pensar, así como les da la capacidad de elegir. “¿Qué estás construyendo o pintando?”. “¿Vas a utilizar todas las piezas?”. “¿Y ahora qué vas a hacer?”.
  4. Silencio, sonreír y observar. Antes de solar el “muy bien” a veces es mejor simplemente acompañar y dejar que hagan, exploren, se equivoquen, encuentren, acierten…Sólo observa, sonríe y asiente. Hazle ver que estás presente. A veces una caricia, un abrazo también puede servir. ¡El contacto físico también es esencial!
  5. Gracias. Agradecer es muy importante, tanto en disciplina positiva, como en cualquier área de nuestra vida. Indica a tus hijos/as que su acción te ha ayudado y agradéceselo.
  6. Acompaña sus emociones. Pregúntale como se siente o como se ha sentido realizando la acción o viendo el resultado “¿Cómo te sientes?” “¿Te gusta ver tus juguetes ordenados?” “¿Te ha gustado pintar con esos colores?”

En resumen, alentar es acompañar, estar presente, dar amor incondicional sin poner el foco en el resultado final que lo que hagan sino en todo el proceso y esfuerzo que empleen.

Y tú, ¿te animas a empezar a alentar?

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