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9 meses dentro, 9 meses fuera

 

9 MESES DENTRO, 9 MESES FUERA

 

Me parece increíble cómo pasa el tiempo de rápido. Ayer polluelito cumplió 9 meses.

Ha pasado 9 meses dentro y 9 meses fuera.  Los 18 meses más intensos de mi vida.

Se supone que a partir de los 9 meses (aproximadamente) se pone fin a la exterogestación. ¿Sabéis de qué hablo? El ser humano es el ser más dependiente del cuidado de sus madres/padres o cuidadores comparado con el resto de los mamíferos. Los bebés, mientras van adaptándose a la vida extrauterina, nos necesitan para que puedan tener cubiertas sus necesidades más básicas de la misma forma que las tenían cubiertas dentro del vientre materno: alimento y sueño a demanda, contacto y movimiento constante, calor, seguridad y protección. La exterogestación acaba cuando ellas/os por si solos logran adquirir un poco de autonomía, fase que suele coincidir con el inicio del gateo.

El tiempo de exterogestación no es solo cuestión fisiológica sino que en este tiempo además, es cuando más se va a favorecer la creación del vínculo entre madre y bebé. De hecho, para la psicoterapeuta Laura Gutman, la puérpera y el bebé son dos seres fusionados: “al no haber comenzado todavía el desarrollo del intelecto, [el bebé] conserva sus capacidades intuitivas, telepáticas, sutiles, que están absolutamente en contacto con el alma de la madre. Lo que la madre siente, lo que recuerda, lo que le preocupa, lo que rechaza… el bebé lo vive como propio. Porque en este sentido son dos seres en uno” .

El bebé, en todo este tiempo de exterogestación, si sus necesidades básicas y esenciales, como he comentado anteriormente, están totalmente cubiertas, va a sentirse completamente seguro/a para poder empezar a explorar el mundo de una forma más autónoma y confiado/a.

Lo dicho, ayer Polluelito cumplió 9 meses y sentí una mezcla de emociones. La que más prevalecía era la nostalgia y un poco de tristeza. Nostalgia por que a pesar del embarazo tan malo que tuve echo de menos mi barrigota y sentir a polluelito dentro de mí. Tristeza al saber que se pone fin a esta etapa y por lo tanto, dejamos de ser uno. Pero a la vez, mucha alegría al ver los progresos que va haciendo poco a poco y como yo los voy disfrutando cada uno de ellos porque sé que estos momentos son únicos y sólo pasan una vez en la vida.

En estos 9 meses, polluelito me ha cambiado la vida. Veo la vida con otros ojos, he bajado mi autoexigencia e intento vivir el presente, disfrutando de cada minuto a su lado, saboreando cada mirada, cada balbuceo, cada beso, cada olor… Ahora no me importa si mis ojeras de mamá panda delatan lo poco que he dormido esta noche (en realidad lo poco que llevo durmiendo estos 18 meses…), o si llevo una mancha en la camiseta o en el pantalón (justo vomita antes de salir de casa), o si me comentan que se va a malacostumbrar a los brazos (¡ojalá se acostumbre a estar en los míos siempre que quiera!) o que ya la teta no le alimenta, o que el colecho no tiene ningún sentido… Pues ¿sabéis que? Bendito porteo que me permite darle todo el contacto y amor que mi hijo necesita cuando lo necesita (incluso si es momento de estar cocinando), bendito colecho que me facilita saber si duerme o no duerme bien y estar a su disposición cuando mi bebé lo requiere. Y sobre todo, para mí, bendita y mágica teti, que es alimento, cobijo, seguridad, contacto, juego, vínculo y sobretodo, AMOR.

Llevas 9 meses en este mundo, mi pequeño, y ya no imagino una vida sin ti. Tú no lo sabes Adel, pero me haces querer ser una mejor persona cada día.

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