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La lactancia no debe doler (pero a mi me dolió)

 

LA LACTANCIA NO DEBE DOLER (PERO A MI ME DOLIÓ)

 

Mi lactancia empezó en la misma sala de parto donde di a luz. En cuanto nació Adel, y me lo pusieron encima de mí, empezó a buscar la teta. Cuando la encontró, succionó, y exclamé un «auuu» y la comadrona se acercó. «¿Te duele? No debería dolerte…» Pues me duele le dije yo. «En una escala del 1 al 10 ¿cuánto te duele?” Un 7 dije. Y no dijo nada más…

Subimos a la habitación y Adel mamaba a libre demanda. A las pocas horas mis pezones ya estaban muy enrojecidos. La lactancia no debe doler ¿por qué a mí me estaba doliendo? Les preguntaba a las enfermeras y todas ellas valoraban el agarre y decían que era bueno, y que seguramente mis pezones eran más sensibles y debían acostumbrarse…

Al día siguiente Adel pasó a estar ingresado en el nido y ahí la lactancia, si ya estaba mal, empeoró aún más. En el nido tenía que darle de mamar en una silla de escritorio (de estas de ruedas de toda la vida) e imaginaros lo difícil que era para mí, recién parida con los dolores del postparto y con una lactancia que estaba doliendo, dar de mamar a un bebé en una silla de escritorio…

En el nido empezó a empeorar las cosas… me sentía observada constantemente, me cuestionaban la lactancia (no debería de doler y a mí me dolía…) y me sentía súper culpable porque una de las hipótesis de que Adel estuviese ingresado en el nido era una posible deshidratación. Pasaban las horas y los días en el hospital y mis pezones enrojecidos se convirtieron en grietas. Cada toma para mí era un suplicio. Antes era capaz de aguantar los 40 minutos de dolor que estaba Adel mamando, pero cuando aparecieron las grietas era muy difícil soportarlo y daba de mamar llorando. ¡Esto no puede ser! ¡Dar de mamar no tiene que doler y a mí me está doliendo, y mucho! Las enfermeras me enseñaban mil posturas, pero de todas formas me dolía. Cada vez que Adel lloraba yo temía cada toma. Me sentía tan y tan culpable de estar contando las horas para saber cuándo me pediría comer de nuevo… ¿pero la lactancia no era a libre demanda? Sí, pero yo necesitaba saber cuánto tiempo tenia para que mis pezones tuvieran un descanso…

Pregunté si en el hospital tenían pezoneras y no tenían, así que mandé a papá Alex a comprarme unas. Me compró unas medela y me salvaron en aquel momento la lactancia. Ya las tomas podía llevarlas muchísimo mejor (aunque seguía doliendo). La pediatra me cuestionó su uso, me dijo que le provocaba gases al bebé y me llegó a decir que las grietas se curaban con la saliva del bebé (muy desactualizada estaba esta mujer…).

Pero yo seguía empeñada en que dar de mamar no tiene que doler y a mí me estaba doliendo, así que contacté con Mireia del grupo Alba lactancia que enseguida me atendió y me acompañó vía whatsap mientras yo estaba en el hospital. Me pidió que le enviara un vídeo de Adel llorando y así hice. “Tu hijo tiene frenillo tipo 3 y necesita intervención, consigue derivación urgente a Sant Joan de Deu con cirugía pediátrica”. Me asusté mucho. Me explicó como era este tipo de intervención y me tranquilizó muchísimo. Para curar las grietas me recomendó ponerme mucho aceite de oliva y los pechos siempre al aire. Y así hice. Olía todo el día a ensalada y en la habitación estaba todo el rato con los pechos al aire. ¡Vaya imagen jajaj! Al día siguiente le explique a la pediatra la conversación que había tenido con Mireia y me lo cuestionó (¡cómo no!), hasta el punto de decirme que no sabía cómo era capaz una asesora de lactancia ver sólo por un vídeo que mi hijo tenía frenillo tipo 3. Por supuesto, ella no quiso hacerme la derivación.

A estas alturas me propuse darme de margen dos meses para solucionar qué estaba pasando con mi lactancia. Si a los dos meses no estaba solucionado, le daría biberón y santas pascuas.

Al salir del hospital fui al Grupo Alba lactancia y al grupo de lactancia de la comadrona Paqui. Ambas me confirmaron presencialmente que Adel tenia frenillo y había que cortarlo.

La derivación me la hizo la pediatra del CAP y me dieron cita para el 7 de marzo. Por entonces yo ya lleva un mes dando de mamar con dolor. Esperé como agua de mayo ese día. Cuando llegamos a Sant Joan de Deu lo visita una enfermera/doctora y nos dice que no pueden cortarle el frenillo, que quien lo corta es el cirujano pediátrico y que ese día no visita en este hospital. Mi gozo en un pozo… Nos vuelven a dar visita para el 16 de marzo.

El 16 de marzo nos visita el Dr. Parri, maravilloso doctor, y le corta el frenillo en un momento. Mientras a él le cortaban el frenillo yo estaba esperando en la sala de espera. Lo escuché llorar y se me partió el corazón…Cuando me lo trajeron enseguida me lo puse a mamar y lloré, pero esta vez lloraba de emoción. Después de 34 días era la primera vez que estaba dando de mamar sin dolor. La enfermera nos dijo que a partir de ese momento, cada vez que Adel mamara, antes de la toma debíamos hacerle unos ejercicios: subirle la lengua hacia el paladar tres veces. Así hacíamos, y a veces hasta 5 (“dos de regalo” le decíamos). Eliminé las pezoneras.

Iban pasando los días y aquellas tomas que eran 0 dolorosas cada día aumentaba un poquito más algo de dolor…a cada toma se acrecentaba más…hasta que pasado una semana de la intervención, las tomas volvían a ser insoportables. Mi intuición me hacía pensar que la lengua estaba cicatrizando mal y cogimos cita con su pediatra. Su pediatra nos dijo que estaba cicatrizando bien, y que seguramente me dolía por que al estar tanto tiempo usando pezoneras mis pezones estaban más sensibles (y dale con los pezones sensibles! Segunda vez que me lo decían!).

Justamente a los pocos días tenía visita con mi comadrona y le expliqué como estaba. Lo hice llorando, me desmonté. Eran muchos los días que llevaba luchando por la lactancia y sentía que me faltaban fuerzas. Por fin había conseguido dar de mamar sin dolor, y ahora de repente, el dolor vuelve. ¿Por qué? ¿Qué estaba pasando? Mi comadrona me recomendó que me fuera de urgencias a Sant Joan de Deu, y así hice.

A escasos días de semana santa, allí estaba yo en urgencias. Nos visitó una cirujana pediátrica y nos confirmó mi intuición. Había cicatrizado mal y volvíamos a estar como el principio. ¡Córtaselo de nuevo! Le dije. Y no…ella tampoco podía cortarlo. Solo el Dr. Parri sabía hacerlo. Y con la semana santa de por medio, el Dr. Parri hasta el 6 de abril no nos podía visitar. Salgo llorando del hospital. ¿Por qué me está pasando esto a mí? Con muchísima resignación volvemos a las pezoneras.

A estas alturas, Alex me recuerda que me di dos meses de margen para intentar conseguir una lactancia sin dolor y quedaban pocos días para cumplirlos… Me dijo que a él se le hacía muy duro acompañarme en la lactancia viéndome llorar y sufrir de esa manera y que al cumplir los dos meses, si yo seguía dando de mamar con dolor intentaría convencerme para dejar la lactancia materna. De acuerdo, sí, fui yo quien se dio dos meses para conseguirlo, pero a estas alturas no iba a conformarme con dos meses para conseguir una lactancia sin dolor. Tenía claro que si tenía que alargarlo un poco más, lo haría.

En la visita del 6 de abril el Dr. Parri nos comentó que habíamos hecho mal los ejercicios, que se los debíamos hacer más fuertes. Le volvió a cortar el frenillo. De nuevo mamaba sin dolor, y yo de nuevo lloraba de emoción. ¡Fuera pezoneras de nuevo! Hicimos de nuevo los ejercicios, esta vez con más fuerza. No obstante, al día siguiente de esta última intervención, yo ya empecé a sentir dolor de nuevo. Otra vez me invadía una frustración enorme. ¿Qué está pasando? ¿Qué hago mal? Esta cicatrizando mal, le decía yo a Alex.

Busqué y rebusqué expertos en frenillos. Encontré al Dr. Ruiz en Gavá Salut familiar, y justamente era compañero del pediatra que a mí tanto me gustaba (y me gusta) Carlos González. No dudé en pedir cita y allí estaba yo el 11 de abril.

El Dr. Ruiz me confirmó mi sospecha de nuevo, estaba empezando a cicatrizar mal y había que abrir de nuevo la herida (ya era la tercera vez que le abrían). Me enseñó cómo hacer los ejercicios ¡vaya ejercicios! No me extraña que sólo con la indicación de tres veces la lengua para arriba hubiese cicatrizado mal. A parte de los ejercicios me enseñó una postura para darle de mamar sin dolor (postura que me costó mucho realizarla correctamente pero que a día de hoy sigo utilizando).

El Dr. Ruiz nos visitó los días posteriores, a la semana, a las dos semanas, a las tres semanas y al mes de la intervención para ir valorando que estábamos haciendo los ejercicios bien, y así de esta manera, la herida de la lengua iba cicatrizando como debía.

Hacerle los ejercicios era una tortura (para él y para mí). Ejercicios antes de cada toma (imaginaros como eran mis madrugadas cuando Adel pedía de mamar…). Pero yo estaba contenta, daba de mamar sin dolor. Y al final, los ejercicios, Adel y yo los convertimos en un juego y hasta se lo pasaba bien haciéndolos.

Por esas fechas, ya no había dolor. Pero mi lactancia no fue problemática solo por el dolor (aunque fue lo que más prevalecía), sino por otro aspecto más que me incomodaba muchísimo, LA HIPERPRODUCCIÓN. Según me explicó el Dr. Ruiz, como Adel mamaba muy mal a causa del frenillo, mi cuerpo pensaba que mi bebé se estaba quedando con hambre e hiperproducía más leche. ¡Qué bien! pensareis…pues no…hiperproducir no es bueno. Durante todo el día, y sobre todo durante la noche, yo empapaba (literalmente) toda mi ropa, sábanas, bebé incluido, etc. constantemente, y cuando digo constantemente, es constantemente. Yo dormía con toallas envolviéndome, y acababa igualmente empapadas, las toallas y todo aquello que estuviera en contacto con mis pechos. Durante el día, siempre iba envuelta en una toalla debajo de la camiseta, o bien con las conchas recolectoras de medela. Para que os hagáis una idea, en una mañana yo podía recolectar con las conchas sin hacer el mínimo esfuerzo, sólo con llevarlas puestas, entre 60-100ml. Cuando salía a la calle, no podía estar más de 2h con el sujetador puesto porque enseguida se me hacían obstrucciones, que lógicamente, me provocaban mucho dolor. Tener los pechos hinchados constantemente me imposibilitaba en muchas cosas. No podía apenas coger a Adel y tenerlo sobre mi pecho, y por lo tanto, no podía portearlo (yo que lo deseaba tanto). No podía cambiarle bien el pañal por que a cada patada que Adel me daba en los pechos veía las estrellas, y cualquier roce me hacía saltar de dolor….

Esta hiperproducción tardó un poco más tiempo en regularse, pero se reguló, ¡por suerte!

A día de hoy, Adel y yo disfrutamos de una lactancia completamente consolidada. No me arrepiento para nada de todos los pasos que fui dando para llegar a este punto.

Durante todo este tiempo ha sido difícil encontrar palabras de ánimo para continuar con la lactancia materna, al revés, la mayoría de comentarios de familiares, [email protected], [email protected], etc. era que no merecía la pena continuar este sufrimiento para conseguir una lactancia materna exclusiva. Ha sido muy duro para mí que la gente entendiera que para mí la lactancia materna era y es más que alimento.

A día de hoy tengo muy claro que mi lactancia me la salvaron tres personas, Mireia de Alba lactancia por detectar rápidamente el frenillo de mi hijo; el Dr. Parri por cortarle el frenillo en dos ocasiones; y el Dr. Ruiz por enseñarme a realizar correctamente los ejercicios post frenectomía y por acompañarme en el establecimiento de mi lactancia. Pero sobretodo, quien más me ayudó a salvar la lactancia fue mi pareja, Alex.

Des de aquí quiero darle las gracias por ser mi mayor apoyo durante todos estos meses. Aunque dijera que me convencería para que la abandonara, nunca lo hizo y siempre apoyo todas mis decisiones, aunque con ellas, me viera desesperarme, frustrarme y llorar de dolor. Hay muchas formas de que una pareja/padre acompañe a la mamá en la lactancia materna y yo no he podido tener mejor acompañante.

No lo olvidéis, DAR DE MAMAR NO DEBE DE DOLER, si duele, buscar cual es la causa.

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