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Mi instinto de mamá leona

 

Mi instinto de mamá leona

 

Durante nueve meses Adel estuvo dentro de mí. Le cuidé, le mimé, le hablé, le canté, sentía sus movimientos, su hipo… ahí empezó a gestarte un instinto maternal más propio de una leona que de una persona humana. Era un instinto lleno de posesión, de protección, de amor profundo… era mi bebé y sólo yo lo sentía de esa manera.

La primera vez que me di cuenta de este instinto fue en el hospital a las pocas horas de haber dado a luz. Una de las personas que vino a ver a polluelito dejó tan impregnado su olor a perfume que cuando se fue y tuve en brazos a mi bebé solo pude llorar  y rogarle a papá Alex que quería que mi bebé, que hacia pocas horas que acababa de nacer, oliera a mi bebé, no a perfume. No os podéis imaginar cuanto lloré. Hace poco leí que la naturaleza ha dispuesto ese olor tan característico del bebé cuidadosamente elaborado para que la madre y el bebé se vinculen de manera muy estrecha. ¿Sabéis por qué? Por qué este olor genera en el cerebro de la madre el mismo efecto que proporcionan las drogas; es decir, a través de la dopamina se obtiene un estado de placidez y felicidad para garantizar la supervivencia de la especie. ¿Maravilloso, verdad? Quizás si esto me hubiese pasado días después no hubiera reaccionado así, pero es que habían pasado muy pocas horas de su nacimiento. A día de hoy es un recuerdo que me sigue torturando. Era mi bebé, era su olor, cual leona huele a su cría, y me arrebataron ese momento. ¡Eres una exagerada! Pensaréis. Pero en ese momento era lo único que necesitaba, mi cría y yo, su piel y la mía, y fundirme en su olor.

La siguiente vez que observé una leona en mí fue paseando en un parque a las pocas semanas de nacer polluelito. Íbamos papá Álex y yo caminando por un parque donde había niños de entre 6 y 10 años jugando a la pelota. En un momento, chutaron la pelota y le dieron al carrito (bastante flojo debo decir). Empecé a gritarles de una manera bastante vergonzante y a recriminarles que no tenían cuidado. ¿En serio no tenían cuidado? Era yo la que estaba paseando por un parque, ellos tienen todo el derecho de estar ahí jugando a pelota. Me asusté muchísimo de mi reacción. No era yo, era mi instinto de leona que quería proteger a su cría. ¡Controla a esa leona! pensé. Esta vez sólo ha sido una pelota que le he dado al carro… ¿qué haré el día que Adel venga con un bocado de otro/a niño/a? ¿O si alguien le insulta? ¿O si alguien le hace daño? No lo quiero ni imaginar…

La leona vivía en mí constantemente. A toda consta quería proteger a mi cría. Hasta el punto de no estar tranquila si alguien tenía en brazos a Adel y ésta no era yo o su padre. ¡Qué exagerada! volveréis a pensar…

Hasta hace relativamente poco tiempo (polluelito ya tiene 8 meses) me costaba mucho separarme de él. Cuando su padre se lo llevaba a dar una vuelta para que yo descansara en casa, sólo estaba tranquila si sabía que estaban los dos solos. Si le llamaba o me escribía y me decía que estaba con otras personas (familia, amigos/as, conocidos/as) ¡uy! salía una rabia de dentro de mí que ipso facto yo ya estaba vestida y yendo corriendo (literalmente) yendo a buscar a mi bebé. No era yo, no era algo racional lo que me pasaba, era puro instinto. Saber que mi bebé estaba con otras personas creaba una imagen mental en mí que hacia que me llenara de rabia. Me imaginaba a mi bebé de mano en mano (cual mono de feria) llorando. ¡Pero está su padre para calmarlo Laura! pensaréis. Mi parte racional era consciente que las personas con las que estaba mi bebé (a parte de su padre) le quieren muchísimo y que polluelito también es parte de ellos y está bien con ellos/as. Sí…tenéis toda la razón, pero mi instinto me decía que si mi bebé lloraba la única que podía calmarlo era yo.

A día de hoy esto ya ha cambiado y me quedo tranquila cuando papá Álex y polluelito se van y me dejan en casa descansar, o cuando yo me voy y los dejo en casa a los dos solos o acompañados. Sigo sin llevar bien que no me devuelvan al peque cuando está llorando y otras personas intenten calmarlo. Supongo que seguirá siendo el instinto ¿no? Es decir, dejo que familiares o amigos/as cojan a Adel, pero si éste está inquieto, asustado, o le pasa algo, quiero que esté conmigo.

Para mí ha sido primordial compartir como me sentía con otras madres y entender que esto es completamente natural ya que en muchas ocasiones me sentía muy culpable pensando como pensaba. Realmente lo pasaba muy mal. En esta comprensión, papá Álex ha sido muy importante. Des del minuto 1 he compartido con él como me sentía y por qué me sentía así. Para mí, por mucho que supiera que con otras personas Adel podía estar bien, mi instinto me dice que polluelito no está tan seguro y tranquilo como lo está conmigo o con su padre.

Sin duda uno de los grandes aprendizajes que he desarrollado en estos 8 meses es que aunque yo lo haya gestado, parido, acompañado, etc. aunque lo sienta mío, muy mío, soy consciente que polluelito no es de mi propiedad, ya que amar no es poseer.

Porque le quiero, y le quiero bien, le quiero LIBRE.

Aunque esté conmigo no me pertenece. Aun así, es mi obligación facilitarle unas buenas raíces en las que pueda crecer, y unas buenas alas para que pueda volar.

Y como mamá leona, así haré y seguiré haciendo.

 

 

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