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¿Y si no pegamos al tió de Nadal?

 

¿Y SI NO PEGAMOS AL TIÓ DE NADAL?

 

Es el primer año que soy madre y también es el primer año que celebro el tió de Nadal. Cabe decir que en casa de mis padres (gaditanos de pura cepa) sí ha habido tió estos últimos años atrás. Un tió muy especial. Mi madre se sacó la tradición de la manga y su tió cagaba todos los días. Imaginaros la cara de mis sobrinos al saber que el tió de casa de su abuela era más mágico que todos los «tios» del mundo ya que prácticamente tenía diarrea y cagaba regalos diariamente. Por eso os digo que para mí es la primera vez que haré el tió.

¿Conocéis la tradición del “Tió de Nadal” o “Cagatió”?

El Tió de Nadal es una tradición catalana de origen rural y precristiana que consistía en ir a buscar un tronco grande al bosque en el inicio de la época de adviento. Originalmente el tronco se quemaba para dar tributo a los antepasados. Más tarde la tradición se transformó y a ese tronco, las niñas y niños de la casa le daban de comer, le tapaban con una manta y le cuidaban hasta el día de Navidad. En Nochebuena la familia se reunía a su alrededor, le cantaban y le picaban con un bastón hasta que “cagaba”. Los regalos que cagaba el tió eran pequeños detalles como frutos secos, frutas, figuras para el pesebre o alimentos para incorporar en la comida de Navidad. Después, esa misma noche se quemaba el tió y las cenizas se esparcían por el campo.

Cabe destacar que el tió era un tronco sin cara, ni ojos, ni barretina ni patas. Era un simple tronco, hueco por dentro (de ahí salían los frutos secos, dulces…). Con el paso del tiempo la tradición ha evolucionado hasta convertirse en una fiesta infantil muy materialista que ha perdido casi todo el sentido original. La personificación del tronco, con cara y barretina, para que sea más fácil su comercialización, los regalos cada vez más grandes…

¿Y por qué os explico todo esto? Pues porque desde que he decidido que quiero hacerle el tió de Nadal a mi hijo he entrado en conflicto con papá Álex. Os explico.

El sábado fuimos a buscar y comprar el que será nuestro tió familiar. Hasta ese momento no me había cuestionado absolutamente nada sobre esta tradición. Supongo que el no haberla celebrado nunca hizo que nunca pensara en ella… Mi cuestionamiento vino cuando empezamos a buscar el «bastó» con el que se le pegaría al tió el día de Navidad. ¿En serio hay que pegarle con un bastó? Me parece muy violento que cuidemos de nuestro tió, le demos de comer, le tapemos con una mantita, le contemos cuentos, etc. y llegue el día de Navidad y le peguemos con un bastón para que cague. ¿En serio tenemos que pegar a quien hemos estado cuidando durante todo esto tiempo? No… yo no quiero pegarle. Papá Alex dice que así se ha hecho siempre y que él no tiene ningún trauma. ¿Y por qué se haya hecho siempre hay que seguir así? Soy consciente donde está el problema. El problema está en que hemos humanizado a ese tronco poniéndole cara, ojos, patas y barretina. Si ese tronco no estuviera humanizado no tendría ningún problema en que le diéramos con un bastón, además, mantendríamos la esencia original que picar en un simple tronco… Pero me niego a pegar a un tronco que hemos estado cuidando durante todo este tiempo. ¿Qué clase de mensaje le estoy dando a mi hijo? Se le cuida pero luego le pegamos. Es contradictorio completamente. ¿Como le explico luego a Adel que no se pega? ¿Al tió si que se le pega pero al resto de personas, animales, etc. no? ¿Difícil no? Es un tronco Laura, me diréis. Sí. Sí yo lo sé, pero mi hijo no. Mi hijo crecerá pensando que es un ser mágico (que también tengo mis dudas y contradicciones en todo el tema de las mentiras de la Navidad pero eso ya es otro tema….) y por lo tanto tiene «vida» y a quien tiene vida se le trata bien, con amor, y no se le maltrata.

Yo le he propuesto a papá Alex una alternativa. Quiero que vayamos a buscar al tió, lo traigamos a casa y le cuidemos, le demos de comer, le tapemos con una manta, le cantemos, le contemos cuentos… El día de Navidad me gustaría que le cantáramos, le bailáramos, le mimáramos, y le animáramos a que cagara (sin ningún tipo de violencia). ¿No es más lógico seguir dándole amor para que cague y no pegarle? Papá Álex no lo tiene muy claro… Así que mi alternativa es que al tió que tenemos le cuidemos y el día de Navidad le cantemos y no se le pegue, y como él quiere seguir con la tradición de pegar con el bastó le he propuesto ir a buscar un tronco sin cara y ojos y que a éste le peguen con el bastó todo lo que quieran.

Papá Álex dice que no es justo que alguien que nunca ha celebrado esta tradición ahora la quiera cambiar. Sí es cierto. Pero también es verdad que hasta ahora no era madre y por lo tanto no tenía la responsabilidad de educar a nadie.

Sé que habrá gente que piense que soy una exagerada, y soy consciente que la familia de Álex no me entenderá y me dirán que no es más que una tradición, pero no quiero transmitirle a Adel valores y tradiciones relacionados con la violencia. ¿Tampoco es tan extraño, no?

 

¿Y vosotrxs como celebráis el tió de Nadal?

 

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